Llevo unos días experimentando tener niños en casa. Hay uno de un año y medio y una niña de tres y medio. De momento la experiencia es bastante buena, son niños simpáticos y relativamente obedientes.

Lo que quiero contar es cómo conviven una casa recién estrenada de unos recién casados con unos niños, así como las ideas y recomendaciones que se desprenden de estos dias.

1. Las paredes

Da igual el color de la pintura que utilices, se van a manchar. Si es blanca se verá más. Si es amarilla se verá un poco menos. Salvo que sea negra, se verá (y aún así se verá la tiza). Lo importante es que la pintura sea lavable. Pintura plástica lavable. Eso permitirá que la mayoría de las manchas desaparezcan con un poco de agua y jabón en una esponjita. Las más difíciles con un poco de alcohol. Las más duras también se irán, aunque dejarán un leve cerco que se ve cuando  miras la pared de lado.

Para estas manchas más difíciles compré el otro día en Leroy Merlin una cosa que se llama Blau Vert, que otros llaman la Piedra Mágica, y la verdad es que va como la seda. Se humedece un poco, se pasa la piedrecita, se enjuaga y brillante como una patena. Dura un montón y es muy barata. Además, es ecológica, por lo que me gusta aún más.

En cuanto nos volvamos a quedar solos, me voy a  pasear por toda la casa con la piedrecita esta a quitar todas las huellas del pecado que encuentre por las esquinas.

2. Los suelos

a. Parquet

En toda la casa tenemos un parquet que a mi me parece precioso, de la casa Kährs, de roble natural con barniz mate y con un leve biselado. Se ensucia pero apenas se nota, pues la porquería se confunde con el dibujo de la madera. En casa tenemos mucho polvo, pero con pasar el aspirador un par de veces a la semana es suficiente.

Como es lógico, lo que más me preocupaba era el tema de las rayas, los golpes, y todas esas cosas que me temía de los niños. Pues bien, en general no ha habido ningún desperfecto grave. Lo cierto es que un niño de esa edad apenas pesa, y a menos que se lo proponga de verdad es difícil que consiga rayar una superficie de madera. Otra cosa es que se ponga a martillear el suelo con una escoba o con una llave inglesa que esté por ahí tirada, pero claro, eso no es culpa del niño…

Lo que sí he descubierto es que hay que tener mucho cuidado no con los niños, sino con las madres, pues un tacón roto de un zapato me ha llenado la casa de cráteres. Un niño no pesa, pero una madre sí, y si un tacón está gastado o roto y sobresale un clavo de cinco centímetros de diámetro, y sabiendo que la presión que se aplica sobre el suelo es inversamente proporcional a la superficie sobre la que se aplica, pues tenemos como resultado unos bonitos boquetes por toda la casa, apenas visibles a simple vista, pero para unos ojos amantes de la madera son un verdadero suplicio… now they know how many holes it takes to fill the Albert Hall…

b. Baldosas

Respecto al suelo de baños y cocina, pues nada del otro mundo. Tenemos unas baldosas preciosas pero que se ensucian una barbaridad. Hay que frgar todos los días, incluso varias veces, pues los niños pasan mucho tiempo sentados, tumbados, o arrastrándose por el suelo. Por un tema de higiene, es conveniente mantenerlos limpios.

Pero aparte de eso, no supone ningún deterioro para el  material.

3. Mobiliario

No he tenido ningún problema con los muebles, se han portado bastante bien. De hecho, los únicos desperfectos los hemos ocasionado mi mujer y yo. Ha bastado tener un poco controlados los juegos para que la cosa no se haya liado. Desde luego, es mucho más inofensivo un niño jugando que un gato afilando sus asquerosas uñas. Por cierto, odio a los gatos. Algún día hablaré sobre la Teoría de la Gente Gatuna (TGG), de una amiga mía.

A lo que iba, los muebles de cierta calidad, con barnices sólidos o con pinturas fuertes no sufren casi nada por unos días expuestos a la tierna infancia. Eso sí, las sillas de Ikea tienen una capita de barniz o como le quieran llamar que se va con rascar con la uña un poquito. O sea, que un golpe con un cochecito significa un desconchado en la silla. Claro que a 10€ la unidad tampoco duele tanto…

4. Aparatos electrónicos

Asumo que la gente tiene sus aparatos electrónicos en equilibrio estable, de lo contrario todo esto no vale.

De mi equipo, está todo accesible a esas manos tan inclinadas a lo desconocido; a excepción de la tele, que queda demasiado alta. Eso sí, los cables están todos protegidos, ocultos detrás de paneles, para evitar riesgos de sacudidas eléctricas.

El único susto me lo he llevado hoy, cuando he ido a poner un disco y el volumen estaba a tope. Casi se derrumba el edificio, sobretodo por el bote que ha dado mi cuñada que pasaba por ahí. Por lo demás, está demostrado que es muy difícil cargarte algún equipo actual sólo por tocar botones. Aunque les digas que no los toquen, los acabarán tocando, pero no pasará gran cosa. Como mucho te cambiarán la entrada digital por la analógica y te pasarás un bien rato pensando por qué no se oye nada.

Del ordenador, pues lo mismo. Los pequeños en cuanto descubren que por mucho que le den a las teclas no pasa nada, se aburren enseguida y prefieren un muñeco. Los que son un poco más mayores dan más la brasa con el ordenador, pero si les pones cuatro programas aburridos (de esos de Microsoft), se desilusionan y también pasan del tema. Claro, los que tenemos un Mac lo tenemos más difícil… ;-)

6. Los sofás

Nosotros tenemos un material lavable, sintético, es una gozada la textura que tiene, es cálido y limpio. Se llama suéder suede. Es casi blanco, por lo que se ha ensuciado mucho, desde babas hasta gusanitos de esos naranjas (¡buagh!). Nuestro plan es meterlos en la lavadora hoy, así que cuando estén limpios (espero) y secos lo contaré aquí.

Bueno, esto es lo que más o menos recuerdo. Si tenéis algo que decirme, a los comentarios os remito.

¡Feliz 2.009, que ya está a las puertas!

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