
Miedo Digital
La mayoría de ideas se me ocurren en la ducha, o mientras me seco. Supongo que es un rato en el que uno puede dedicarse tranquilamente a pensar sin otras distracciones. Sherlock Holmes tocaba el violín, yo me ducho.
Pues lo que andaba pensando hoy es en la identidad digital, y en el miedo que da tener tanta información publicada en la Red. De tanto en tanto me llega un mensaje en el que se me advierte de que toda la información sobre nuestras vidas la poseen en mayor o menor medida Facebook, Tuenti, Google, Plaxo, Twitter y LinkedIn. Hoy leí algo sobre robos perpetrados gracias a la información vertida por imprudentes usuario de Facebook. No sólo es peligroso dejar abierto el acceso a tu teléfono, email o tarjeta de crédito/débito. También puede ser peligroso decir lo qué estás haciendo.
Es cierto que si publico en twitter que estoy esquiando, después me voy a tomar un cóctel, ceno en un restaurante argentino un delicioso asado y paso la noche en un bonito hotel de montaña, soy un blanco apetitoso para los ladrones, pues aparento ser un tío con pasta (nada más lejos de la realidad). Independientemente de mis activos, lo que sí sabrá un ladrón con un poco de sentido común es que si estoy haciendo todo eso, no estoy en casa, y esa información es vital para quien se dedica a apropiarse de lo ajeno. Y para hacérselo aún más fácil, ya sabe a dónde ir, sólo tiene que buscar mi dirección personal en mis datos de contacto. Ahora bien: ése es un dato que sí quiero proteger celosamente de aquellos que no son amigos muy, muy cercanos. Es por ello que hace un par de semanas me dediqué a cancelar todas las cuentas que tenía en sitios que no uso, por ejemplo las de Odeo, una web personal en Arrakis, Twitxr y Launchpad; y revisar los apartados de privacidad en las que sí uso: facebook, twitter, linkedIn y google. ¿Por qué? Pues sí, por miedo.
Entonces, ¿qué datos sobre mí puedo volcar en Internet? No me importa demasiado lo que la gente piense de lo que pienso, pues de lo contrario no estaría escribiendo estas líneas ni usaría twitter. Pero por supuesto que no me gustaría que me robaran mis estupendas sillas de Ikea ni mi iMac por ser un imprudente, ni mucho menos que me vaciaran mi ya de por sí vacía cuenta corriente. Es por eso que intento proteger mis datos más “personales”, o al menos mostrarlos sólo a quien yo quiero: mi dirección, mi correo personal, mi historial médico (Google Health), mis datos bancarios, etc. Y recomiendo a todos mis lectores que hagan lo mismo.
Casi todas las herramientas web que utilizo permiten ajustar el nivel de privacidad de los datos. En Facebook, por ejemplo, mucha gente obvia establecer las preferencias de privacidad, y dada la naturaleza del servicio es fundamental hacerlo antes de escribir una sola línea o publicar una sola foto. De hecho, siempre recomiendo hacer una lista de “Amigos íntimos” y otra de “Familia” y publicar por defecto sólo para los primeros, de vez en cuando para los segundos, y ocasionalmente para el “Resto del Mundo”. Y, por supuesto, decir por defecto “No” a las solicitudes de agregación de aplicaciones, que obtienen acceso inmediatamente a tus fotos, estado, amigos, datos de contacto, etc. Vamos, un coladero de invasión a la privacidad.
Lo que diría como resumen es: contra miedo, prudencia. Pero nunca hay que renunciar a las grandes posibilidades que ofrecen las tecnologías de hoy para comunicarse, darse a conocer, aprender y enseñar sólo por temor. Pero tampoco todo lo contrario. En la medida está el buen gusto.
Tags: identidad digital, recomendaciones, redes sociales, web 2.0