The half-blood prince is coming to town

The half-blood prince is coming to town

Acabo de ver el trailer de la última entrega de Harry Potter: el Príncipe Mestizo. Tengo la esperanza de que, como en el caso de los libros, esta película sea mejor que las anteriores de la serie, después de las decepcionantes adaptaciones anteriores. La sensación que se me ha quedado tras ver el trailer es la misma que me ocurrió cuando, hace ya bastantes años, vi por primera vez el trailer de El Señor de los Anillos. Tardó una eternidad en descargarse, pero valía la pena esperar para verlo. Hoy la descarga ha sido desde el mismo lugar, la zona de trailers de Apple, pero desde dentro de otra aplicación llamada Plex. Pero eso es harina de otro costal…

Lo que me ha ocurrido es que cuando he visto las imágenes me han recordado muy vívidamente las escenas del libro cuando lo leí, y eso es algo que no ocurre con frecuencia. Cuando vi la adaptación, por ejemplo, de Retorno a Brideshead, o de La importancia de llamarse Ernesto, tenía la sensación de estar viendo una historia completamente diferente, cosa que además me distraía enormemente de la película. Pero cuando fui a ver El Señor de los Anillos, sucedieron dos cosas: la primera es que durante la primera media hora de película no moví ni un músculo, y sólo lo hice al comprobar que me estaba cansando de estar en tensión y con la boca abierta; la segunda es que no sólo la adaptación recreaba con asombrosa exactitud el modo de vida de una raza de la Tierra Media, sino que además conseguía lo mismo que los libros -salvando las distancias, claro-, que te zambulleras plenamente en un mundo diferente, identificado con los personajes, con su estilo de vida, sus costumbres, sus paisajes, o caminando con ellos por ciénagas y montañas nevadas, ensillando un pony o bebiendo cerveza en El Poney Pisador.

Y es que no puedo dejar de hablar del mundo de Dumbledore sin recurrir al mundo de Gandalf. Ya sé que son completamente diferentes, y alguno se llevará las manos a la cabeza cuando vea que los he metido en la misma frase. Pero para mí están los dos en la misma zona de mí: los llevo en el corazón, pues con ellos me he sumergido en otros mundos, como Frodo en el espejo de Galadriel o Harry en la fuente de Albus Dumbledore.

Además, son una fuente inagotable de magníficas conversaciones con amigos. Con un pacharán en la mano, mejor.

Ya tengo ganas de ver la peli… y de que vayan preparando The Deathly Hallows.

PS: Gracias, Janmi, por recordármelo.

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