Este fin de semana he leído la novela de Stephenie Meyer…
Crepúsculo
Había oído hablar mucho de ella, pero realmente no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar. Creo que esa es la mejor manera de afrontar un libro, una película o incluso un disco: no tener ni idea de lo que te espera. De este modo, la experiencia es -si me permitís la expresión-, más pura. Hubiera preferido no leer ni siquiera la sinopsis, que casi siempre son muy malas, y en ocasiones hasta perniciosas.
Cuando acabé el primer capítulo tuve la sensación de estar leyendo a Enyd Blyton. En realidad esa sensación se prolonga hasta aproximadamente la mitad del libro, en que empieza la verdadera acción. El principio es más propio de los libros de Los tres investigadores. No es malo en absoluto, la verdad es que muy entretenido y admito que me tuvo enganchado. Lo que pasa es que es infantil o, mejor dicho, juvenil. Al fin y al cabo, eso es lo que se pretende que sea, ¿no? Un libro para teenagers.
El lenguaje es asimismo para jóvenes, y la traducción (en la versión del Círculo de Lectores) bastante buena. En ocasiones me parecía estar leyendo a Stephen King, pero sin sus acostumbradas guarradas, lo cual es de agradecer. Me gusta el tratamiento que hace la autora de diversos temas propios de los jóvenes de este siglo: la separación de unos padres, las relaciones de éstos con sus hijos, la educación, la responsabilidad, el amor. El amor está presente en el libro en cada página, es el tema. Alguno estará pensando “oh, no, otra novelita de amor“. Sin embargo, el tema del amor también está tratado de una forma equilibrada, sin caer en la vulgaridad ni en la horterada, que hubiera sido lo más fácil. Pero quizá sea ésta una de las mejores bazas de la autora y la que hace que la saga tenga miles de incondicionales. Una juventud cansada de tópicos y de moralidad ligera puede que se sienta atraída por otros valores. No digo que el libro tenga entidad como para considerarse ejemplar, pero sí que al menos intenta persuadir a los jóvenes de que hay otros caminos que no son dejarse llevar por la corriente y que merece la pena luchar. Para sintetizar, diría que es un libro que dejaría leer a mis hijos sin ningún temor.
De la historia no hay gran cosa: una chica nueva en un instituto, pueblerinos que se la disputan, leyendas locales, un chico guapo… y vampiros. Creo que no hago ningún spoiler con la enumeración anterior, y creo que no me dejo nada tampoco. Muchas páginas de estilo diario, unas pocas sorpresas y alguna reflexión interesante sobre las virtudes y miserias humanas. Por desgracia, se queda corto en algunos asuntos que se podrían haber explotado más. Quizá en las novelas siguientes sea así.
Si tuviera que valorarlo, le daría un 7 sobre 10, siempre pensando en un público joven. Me avisan de que las secuelas mejoran progresivamente, siendo la cuarta entrega la mejor. Si es como en el caso de Harry Potter, merecerá la pena. Si no, sería una pena porque Meyer hizo un buen comienzo con esta introducción al mundo de Forks. Cuando caiga en mis manos el segundo ya os ocontaré.
Advertencia: ¡spoilers a partir de aquí!
Me deleitó especialmente el inteligente tratamiento de la habilidad para leer el pensamiento de Edward Cullen, esa especie de legilimancia que también leímos en Harry Potter (las comparaciones con Harry Potter son inevitables) y que genera situaciones extrañas en las que Isabella tiene que hablar con alguien sabiendo que la mente de su interlocutor está siendo leída por Edward, lo cual le obliga a medir cada palabra que dice. La peculiaridad de la mente de Bella, que es impenetrable para Edward, es algo que la hace particularmente atractiva para él. ¿No es así como ocurre en el mundo real? Las diferencias, los puntos inaccesibles, los pequeños misterios de las personas -especialmente del sexo opuesto- suponen un atractivo irresistible para los humanos. Y para los no humanos.
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